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¿SE USAN MEDICAMENTOS COMO PARTE DE UNA TERAPIA ETOLÓGICA?

07.07.2017

Muchos mitos existen en torno a medicar cuando hay problemas de comportamiento. Algunos dirán que no es algo natural, que va en contra de la naturaleza del animal y así muchas falsas concepciones, que sólo inducen al miedo a la hora de hablar de psicofármacos. ¿La causa? Probablemente el uso y abuso de estos en humanos, el desconocimiento de la neurofisiología de las distintas especies animales y conceptos básicos de farmacología y por supuesto, el no entender que se trata de procesos que involucran el bienestar, que producen sufrimiento y requieren de una ayuda efectiva muchas veces, rápida, inmediata y de resultados permanentes. 

Si bien para tratar problemas médicos no hay inconveniente en usar fármacos, en los problemas conductuales parece que aún se desconoce que detrás de algunos de ellos se esconde un desbalance neuroquímico, específicamente a nivel de neutrotransmisores, y necesita ser compensado de manera real y efectiva. Los psicofármacos actúan en el Sistema Nervioso Central modificando los niveles de estos, y restableciéndolos a un nivel normal. Hay variados grupos de psicofármacos, y sus características pueden llegar a ser muy diversas. Los que usamos normalmente no producen sedación, a menos que el efecto deseado sea éste; de hecho muchos pacientes que actualmente están bajo medicación, no podrían ser detectados a simple vista.

Con este artículo quiero aclarar que los extremos nunca son buenos. Los medicamentos no tienen por qué ser el primer y/o único recurso para el tratamiento de problemas de comportamiento. Pero hay indicios importantes, probados y necesarios para su uso en casos que si lo ameritan; porque aunque estemos cargados de buenas intenciones, lamentablemente hay pacientes con patologías del comportamiento que no logran salir de su estado inicial a pesar de todos los otros esfuerzos y desconociendo o evitando esta opción se pierden meses y meses que irán en desmedro del bienestar de ese animal. A continuación enumero las más importantes:

1. Cuando tenemos un paciente con algún problema que le impida ser sensible al aprendizaje por sí solo; por ejemplo, casos de miedo y ansiedad extremos. En este caso, el psicofármaco le ayuda a que pueda responder y "enfocarse" en la educación y las pautas de modificación de conducta. Por ello en pacientes muy complicados muchas veces comenzamos unas semanas antes administrando un fármaco, para poder comenzar con la terapia conductual después.

2. Cuando debemos reducir el estrés que se transforma en una amenaza inminente para la calidad de vida de ese paciente y/o de su familia. Por ejemplo, perros o gatos ansiosos que dejan de lado sus actividades vitales como dormir, comer, interactuar con otros y que van perjudicando día a día su salud física y mental.

3. Cuando nos enfrentamos a pacientes de alto riesgo o de patologías conductuales moderadas a severas donde no se puede optar por terapias complementarias ni modificaciones de conducta por si solas dada su seria implicancia en salud pública, temas legales y éticos (mordeduras, ataques a personas y/o otros animales, conflictos legales con vecinos).

Los problemas de comportamiento suelen ser rehabilitados; esto significa que algunos no tienen una cura total y requieren cambios a largo plazo con la ayuda permanente del propietario, y de la asesoría profesional, además de la medicación. De hecho, el tratamiento farmacológico es a menudo destinado específicamente a permitir al propietario realizar las pautas de modificación de conducta, cambios ambientales, desensibilización y otras herramientas de aprendizaje en un tiempo prudente, donde además se sienta en condiciones y pueda forjar herramientas a fin de poder enfrentar de mejor manera el problema que le aqueja a su mejor amigo.

Lamentablemente, en algunos casos vemos que sin tener los conocimientos adecuados o sin razones de peso, muchos psicofármacos son administrados muy a la ligera, partiendo por entregar un producto equivocado o en dosis incorrectas, con consecuencias que pueden ser bastante preocupantes. Por eso la importancia de asesorarse en lo posible, con el especialista en Etología Clínica. Estos tratamientos suelen durar como mínimo un par de meses, no tienen resultados inmediatos y deben ser retirados de manera gradual, por lo que es de vital importancia ser responsable y coherente tanto en la prescripción como en la administración a ese animal. Aquellos que son realizados en plazos cortos de tiempo no están exentos de recibir la misma dedicación.

Por último, antes de medicar, también hay que asegurarse de que el animal está sano o no sufre enfermedades que podrían complicar los efectos de los fármacos, poner en riesgo su vida o si necesitamos adicionar un medicamento para poder tratar la enfermedad subyacente. Si es necesario, realizar exámenes de laboratorio para rectificarlo y además, realizarlos periódicamente en caso de que el tratamiento sea largo o el paciente presente alguna enfermedad o sea de edad avanzada para evaluar funcionalidad hepática y renal. Además hay que tener en cuenta si ese paciente toma otros medicamentos o usa algún producto que pueda interaccionar.

Por supuesto, se espera que todas las recetas de psicofármacos sean siempre acompañadas de una evaluación etológica previa, y junto a ella puedas obtener recomendaciones y planes para la modificación de la conducta. De otro modo, la efectividad de ese tratamiento se ve drásticamente reducida y muchas veces, cuestionable. 

Ten en cuenta que la medicación en problemas de comportamiento siempre debe hacerse previa evaluación etológica. Si no sabes de qué se trata una evaluación de este tipo, puedes ver este artículo. Se debe tener un diagnóstico certero antes de medicar y saber por qué se le está entregando ese medicamento y no otro, cosa que no siempre sucede. Lamentablemente en la práctica me toca ver muchos pacientes medicados por tiempos incorrectos y con medicamentos incorrectos, haciendo que los tiempos de terapia se vean alargados y la evolución del caso puede verse afectada por lo mismo. Por ello la importancia de que la evaluación sea realizada por un especialista en Etología Clínica. 

Dra. Soledad Torres Alvarado
Médico Veterinario y Máster Etología Clínica
CONCIENCIA Etología Clínica