UN PSICOFÁRMACO SE ELIGE POR CLÍNICA Y NO POR MARKETING

30.01.2026

En los últimos años hemos visto cómo en el área del comportamiento animal conviven dos caminos muy distintos. 

Uno es el clínico y formal - el serio - largo, exigente, basado en formación real, experiencia con pacientes complejos y responsabilidad sanitaria. En ese lado estamos varios, donde nuestra vocación permanece fiel, a pesar del bombardeo social al que nos vemos expuestos en el día a día. 

El otro es un camino mucho más vistoso, altamente marquetizado, de personajes y no necesariamente personas, construido sobre promesas simples para problemas complejos.

Como médica veterinaria etóloga clínica y especialista en psicofarmacología de amplia experiencia y numerosos casos exitosos y después de años evaluando, diagnosticando y medicando pacientes reales y no casos ideales, quiero ser muy clara y enfática en algo que se sigue repitiendo de forma irresponsable y a estas alturas me molesta no sólo por la poca exactitud; si no porque demuestra que muchas sentencias son aseguradas por personalidades que poco y nada tienen que ver con la real experiencia de medicar a pacientes de carne y hueso. Sigo leyendo y escuchando cosas del tipo:

  • Los psicofármacos son "malos" 

  • Son el último recurso a utilizar
  • "Anulan" al animal
  • Le "quitan" la personalidad
  • "Los ocupas para no hacer entrenamiento"

Entre otras variadas malas concepciones que he visto, hacen dudar hasta el más concienzudo colega...

Tampoco es cierto que los psicofármacos siempre deban ir acompañados obligatoriamente de terapia conductual para ser válidos o éticos. Eso es un mito replicado hasta en los más eximios libros que he visto.

Pero ¿por qué?En clínica vemos a diario trastornos en los que el uso exclusivo de psicofármacos no solo es suficiente, sino lo más adecuado para ese paciente, en ese momento de su historia y con ese sistema nervioso en particular. Pero no todos están preparados para esa conversación, ya que el diagnóstico de casos complejos tiene sus propias particularidades y por algo lleva esa característica como nombre. De eso bien sabemos los que nos dedicamos a esta sub especialidad. Por ello nunca es bueno ser tan categórico en estos temas. 

Así mismo, decirle a los tutores que "la medicación es mala" mientras venden soluciones universales, planes cerrados con cifras millonarias pagables en numerosas cuotas con tarjetas de crédito o discursos emocionales bien diseñados, no es proteger al animal: es lisa y llanamente, desinformar con algún fin particular. Y desinformar en salud tiene consecuencias.

Tengamos en cuenta que la etología clínica no es entrenamiento con otro nombre. Es medicina como cualquier otra especialidad, y cualquiera que no la esté aplicando en sus prácticas, está cometiendo una falta. 

Recordemos que el acto médico aplicado a la etología clínica implica diagnóstico diferencial, comprensión profunda del sistema nervioso, evaluación individual y decisiones terapéuticas que no siempre son "bonitas", pero sí necesarias.

Mi compromiso no es con lo que vende mejor, sino con lo que realmente ayuda a mis pacientes. Y eso, a veces, significa medicar.

Bien indicado, bien explicado y sin culpa. Le guste a quien le guste.

Porque el bienestar animal no se construye desde el marketing, sino desde el conocimiento, la ética y la responsabilidad clínica.