LO QUE HAY ENTENDER ANTES DE EDUCAR A OTRO

30.07.2018


Toby es un perrito que cada vez que sale de paseo, lo pasa pésimo. Llora, ladra, muerde en los tobillos a su tutora, si ve a un perro se le tira encima y lo puede morder; si ve a una persona desde lejos empieza a ladrar y se le puede tirar encima. Si no logra hacerlo, vuelve a morderla. Menos mal es chico, dice su humana, porque si no ya hubiese "dejado la embarrada", me comenta en la evaluación. La hora del paseo significa un dolor "en la guata" para ella, porque ya sabe lo que va a pasar. 

Esto empezó cuando Toby tenía unos 8 meses. De un día para otro comenzó a gruñir cuando veía a otros individuos en el paseo, pero alguien le dijo que había que "corregir" la conducta de inmediato, así que empezó a retarlo. La verdad es que no sabe si hubieron cambios, porque pronto dejó de gruñir pero en cambio, empezó a ladrar cada vez desde más lejos y cuando se enfrentaba al perro o persona reaccionaba tirándose encima. 

Lo llevó donde alguien que le prometía resultados. Ni recuerda quién era ni como se llama. Le pusieron un collar de ahorque - no pasaba nada "si estaba bien puesto", le dijeron - pero el perro además de ahogarse, toser y quedar con los ojos rojos después de pegarse unos tremendos tirones, empeoró su conducta más aún porque ahora los ataques se hicieron más intensos. Su tutora me cuenta también que es frecuente que el perro orine a cada rato durante el paseo, que le tiemblen las patas y que a veces vomita sin razones aparentes. 

(Esta es una historia real, con los nombres cambiados. Pero pertenece quizás a más del 50% de la casuística de pacientes que requieren de mi ayuda). 


Cuando un individuo se ve enfrentado a un estímulo demasiado intenso, al que le teme demasiado y no sabe como enfrentar (como en este caso, ver a otros perros o personas), su cerebro está experimentando una respuesta de lucha o huida que no puede ser anulada apelando a cosas "lógicas". En ese momento, si hablamos de tu perro, este no te va a escuchar, no va a entender tus retos, no va a entender un tirón de correa y hasta el dolor se lo pasa por alto porque simplemente está en "modo supervivencia". 

Pero ojo, que como tutor lo primero que tienes que hacer es comprender cómo el cerebro de Toby, de tu perro (y también el nuestro y de otros mamíferos), reacciona frente a una situación de estrés agudo e intenso. 

Básicamente, nuestro cerebro funciona en tres niveles distintos: en primer lugar, tenemos una parte que controla funciones básicas como la respiración, la presión arterial y latidos del corazón. Esa es la parte más antigua del cerebro, que es denominada como "cerebro reptiliano". Luego, viene aquella parte donde se encuentra la amígdala, dentro del sistema límbico, y podríamos describirla como el "cerebro emocional": si la amígdala detecta un peligro (cualquiera sea según la percepción de cada individuo), el individuo va a pelear, huir o congelarse. Por último, tenemos a la corteza cerebral. Esta es la parte del cerebro responsable de razonar y pensar lógicamente, de "ordenar" las ideas y pensamientos frente a un estímulo determinado. 


Anatomía del cerebro del perro (corte sagital)


Ahora bien, si este perro no tiene la capacidad para regular sus respuestas a situaciones muy estresantes (que varía mucho entre individuos; en algunos puede ser ver a un perro a 5 metros, para otro puede ser recién cuando este lo agrede - las causas son variadas y las veremos en otro post), su cerebro experimentará el estrés de ese evento como una amenaza, haciendo que su cerebro emocional tome el control por completo - lo "secuestre" - se lo lleve por completo, y por tanto se bloquea su capacidad de razonar. Por eso, decirle cosas, intentar darle órdenes y cualquier intento de educación justo en ese momento no van a resultar por más que lo intentes. Así que no te frustres ni intentes hacer nada en ese momento, porque necesitamos empezar a trabajar desde mucho antes de la aparición de la conducta problema. 

Cuando nos piden ayuda, los Etólogos Clínicos llevamos a nuestros pacientes a restablecer las conexiones que faltan entre las diferentes partes de su cerebro mediante distintas aproximaciones terapéuticas, las que varían según cada individuo y las condiciones de su entorno. No todos los perros sufren el problema en la misma intensidad, no todos se originaron por la misma causa y no todos los entornos son igualmente fáciles de manejar. Por supuesto, el acompañamiento del tutor no es el mismo en todos los casos y ese es otro factor determinante a la hora de entender y proyectar los resultados de un proceso terapéutico. Por lo tanto, no todos van a llegar a una resolución 100% exitosa y muchas veces tus expectativas se contraponen a la realidad del caso. 

Lo importante entonces es que sepas que un perro (o cualquier otro ser vivo), ante la ejecución de una conducta problema es mucho más que sólo lo que estás viendo: hay una multitud de procesos llevándose a cabo desde el cerebro en conjunción con el resto del cuerpo y debemos abordarlos desde ahí, no sólo cuando la conducta problema ya se ejecuta. Empatizar con el animal y entender que no la está pasando bien y que sólo está intentando "resolver" ese conflicto (aunque de mala forma, porque no conoce otra),  te ayudará a guardar la calma, a buscar soluciones realistas y a poder acompañarlo a lo largo del camino que supone un tratamiento. 

Dra. Soledad Torres Alvarado

Médico Veterinario y Máster en Etología Clínica

CONCIENCIA Etología Clínica