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PROBLEMAS DIGESTIVOS QUE PUEDEN CAMBIAR EL COMPORTAMIENTO

19.05.2026

Hay una pregunta que hago muy seguido en consulta y que a veces sorprende:

"¿Cómo son sus deposiciones?"

El tutor viene porque su perro está más irritable, más reactivo, duerme peor o parece "más ansioso", y de pronto estamos hablando de vómitos, gases, apetito, diarreas intermitentes o de ese hábito de comer pasto que lleva meses. No es una pregunta al azar.

He visto muchos pacientes en los que la conducta y el sistema digestivo cambian al mismo tiempo.

Lo que a veces parece un problema conductual aislado

Recuerdo, por ejemplo, un tutor que consultaba por su perro con irritabilidad y respuestas agresivas. Al revisar el caso con más detalle, había antecedentes digestivos que no habían sido considerados relevantes. En ese paciente, la hipótesis de dolor gastrointestinal empezó a tomar mucho más peso porque los periodos de mayor malestar coincidían también con un empeoramiento de la conducta.

En otro caso, un perro joven con mucha hiperactividad, dificultades para dormir y problemas de regulación comenzó a mejorar no solo con el tratamiento conductual, sino también cuando se empezó a prestar más atención a su salud digestiva. Dormía mejor, estaba menos desorganizado y algunas conductas que parecían puramente "conductuales" disminuyeron.

También he tenido pacientes con cuadros digestivos crónicos en los que la familia ya había normalizado ciertas cosas: deposiciones irregulares, episodios de vómitos, cambios de apetito o días en que el perro simplemente se veía más incómodo. Cuando esos periodos coincidían con más reactividad o irritabilidad, para mí dejaban de ser datos separados.

Hay signos que los tutores dejan de considerar

Esto pasa muchísimo. "Siempre hace deposiciones blandas." "Vomita, pero muy de vez en cuando." "Come pasto desde chico." "Se relame harto, pero pensé que era normal."

Cuando algo lleva meses o años ocurriendo, fácilmente pasa a formar parte de la normalidad del perro.

En consulta, muchas veces necesito volver sobre esas cosas y preguntar con bastante detalle. Me interesa saber cómo come, si tiene periodos de inapetencia, si busca pasto, si traga repetidamente, si tiene gases, si vomita bilis, si cambia su conducta antes o después de comer y si existen días en que todo parece empeorar junto. Ahí empiezan a aparecer relaciones que antes nadie había mirado.

Por eso en etología pregunto por cosas que parecen "de otra consulta"

Cuando evalúo un paciente, no separo demasiado las preguntas en "conductuales" y "médicas".

Si un paciente cambió, quiero saber qué más cambió con él. Sueño. Apetito. Deposiciones. Tolerancia al contacto. Actividad. Digestión. Dolor.

Muchas veces el dato importante está justamente en aquello que parecía no tener relación.

Y esa es una de las cosas que más me interesa de la etología clínica: no quedarme con "está más ansioso" o "está más reactivo", sino preguntarme qué cambió en ese paciente para que hoy responda distinto.

A veces la respuesta está en la conducta. Y otras veces empieza mucho más abajo, en el intestino.


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